Odian el Senado porque odian España

¿Por qué sabemos cuánto ha costado la web del Senado y no la de ninguna otra institución? ¿Por qué se identifica el gasto con la Cámara en lugar de con el PP que es quien la rige con mayoría absolutísima?

Todas esas cadenas de correos electrónicos que apuntan a “los políticos” como responsable de la situación que vivimos incluyen una serie de propuestas que -lejos de ser regeneracionistas- son expresiones de un proyecto centralista y donde, en última instancia, los representantes son sustituidos por “gestores”, es decir: un nuevo fascismo. Si hay una de esas propuestas que han calado en la sociedad es, sin duda, la eliminación del Senado.

No es fácil defender su existencia en las conversaciones en las que sale el tema, hace las leyes y controla al Gobierno -suelo decir-, para eso está el Congreso -suelen responderme-. Aún más difícil es explicar su función de “cámara de representación territorial” porque la propia Constitución en su calculada ambigüedad no aclara a qué territorios se refiere más allá de mezclar provincias, islas, “poblaciones” de Ceuta y Melilla y al mismo tiempo a las CCAA -qué tampoco se sabía cuántas iban a ser en 1978-. Y muy pocos saben que su principal competencia exclusiva es aprobar “las medidas necesarias” -que no suspensión de la autonomía, que eso no existe- del famoso artículo 155.1:

Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras Leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

Puede parecer incongruente que una Cámara con histórica sobrerepresentación de las derechas tanto estatal como autonómicas la desprecien tanto pero se explica porque la derecha estatal ignora la pluralidad de España y las “periféricas” buscan la bilateralidad en las relaciones entre el Gobierno central y los autonómicos -de los que se creen dueños-. Caso aparte es el de UPyD, que juega a decir -en esto también- una cosa y la contraria: en las redes sociales y en declaraciones de sus dirigentes abogan por su supresión pero al final también prometen su reforma -sin concretar- y no dejan de presentar candidatos, con vídeos tan cargados de propuestas como éste:

Más preocupante es la falta de defensa por parte de las izquierdas estatales, más allá de la repetida promesa de su reforma en todos los programas electorales… por no hablar de ciertas izquierdas que se apuntan al discurso antitodo, con episodios tan penosos como la entrevista de Jordi Evolé al entonces senador del BNG Xose Manuel Pérez Bouza que habla de la inutilidad del Senado:

Por cierto, este senador, anteriormente portavoz en una Diputación provincial -y hasta que entrara a trabajar en esas dos instituciones que tanto denosta, hace 13 años, enfermero-, que anuncia que en el siguiente pleno presentaría una reforma del Senado, no lo hizo, es más: se volvió a presentar a las elecciones con un programa electoral que no la incluía y tras no salir elegido fundó otro partido, que tampoco menciona dicha reforma… y con el que se estalló en las elecciones autonómicas.

Tampoco ayuda a la valorización social del trabajo en el Senado el sesgo desde el punto de vista informativo que se resume en la pregunta periódica: ¿para qué sirve el Senado? cuestión que nunca he visto tratar sobre la CNMV o el CGPJ. Por otro lado, sólo el seguidismo desde los medios de comunicación canarios de la agenda política marcada por los nacionales explica como el único espacio político donde se recoge el principal hecho diferencial canario, la insularidad -sin la imposición de las artificiosas provincias- no tenga ninguna relevancia mediática.

Y no es que no haya propuestas de reforma, por ejemplo, ésta de la Fundación Alternativas -que recomiendo porque tiene un punto de vista desde las Ciencias Sociales y menos constitucionalista- escrita hace ya 5 años por @AlbertPenades -que publica en eldiario.es– e @iurquizu -figura emergente en los think tank cercanos al PSOE y habitual de El País-, y en la que se analizan las dos claves: la elección de los senadores y la mejora de su función como cámara territorial.

El problema final es que las izquierdas siguen esperando el consenso con unas derechas que consideran sus PPrivilegios: la sobrerrepresentación rural y la bilateralidad como derechos innegociables. Esas derechas -tanto estatal como autonómicas- que en el fondo odian el Senado porque podría ser la expresión del proyecto en común -siempre inconcluso- basado en el respeto a la diversidad que es el Estado de las Autonomías, o yendo incluso un poco más allá: en el fondo odian a España porque no es como les gustaría.

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Un pensamiento en “Odian el Senado porque odian España

  1. Ok reformar el Senado pero siempre es lo mismo: sin reformar la Constitución no se puede… y el PP nunca va a querer como dice el post. Entonces ¿qué otra opción hay aparte de eliminarlo???

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