Entre todos las empujaron y ellas solas cayeron…

Aparte del sainete de la comisión de exculpación investigación en el Congreso de los Diputados -con momentos memorables con Bankia de protagonista-, el mes de julio nos dejó dos noticias relacionadas con la Obra Social de las cajas de ahorros -bueno dos no, porque una se repitió hasta la saciedad y la otra no tuvo casi repercusión-. La primera era sobre el recorte de las partidas dedicadas a Obra Social en 2011 y la otra sobre la reducción del porcentaje dedicado a Obra Social en los años 1996 a 2006. Parecen la misma noticia con fechas distintas pero no: una es la comparativa entre el año 2011 y el 2010 -bajada del 23% justificable por la crisis- y la otra, la evolución entre el porcentaje dedicado a Obra Social sobre el beneficio neto de las entidades desde el principio del boom del “milagro económico español” (1996) hasta su momento álgido (2006). El distinto impacto en los medios -típica búsqueda en google de [obra social 23% 2011] genera 349.000 resultados y [cajas de ahorros obra social 1996 2006] menos de la mitad: 173.000… responde a que la primera información la proporciona la CECA y la segunda es un trabajo de investigación universitario acerca de como se pervirtió el signo más distintivo de las cajas de ahorros al albur del “ladrillazo” y ya sabemos que los medios -si no son de economistas encuadrados en FEDEA– no suelen difundir estudios académicos.  Su lectura es muy recomendable porque pone el acento en la raíz del problema: la codicia de los directivos, no de los “políticos” necesariamente, porque en contra de lo que se repite, no todas las cajas estaban dominadas por los representantes de instituciones democráticas -que de eso es de lo que se habla en realidad cuando se usa el término peyorativo “politizadas”- y ésta variable no afecta por ejemplo al uso final que se le diera a las partidas destinadas a Obra Social (como señalan en otro trabajo muy recomendable de la Universidad de Valladolid)-. Por cierto, estos mismos directivos -con la omisión de su deber de vigilar del regulador: el Banco de España- hundieron ¡se dice pronto! el 50% del sistema financiero español.

Y es que, aunque la Obra Social es sólo una parte de los fines sociales de las cajas de ahorros, sí es/era el símbolo más reconocible. Obra Social plagada de claroscuros, valgan un ejemplo que me queda cerca “geográficamente”:

El video es parte de la campaña de una caja que ya no existe -en el momento que se escribe este post ya se ha inscrito en el Registro la fusión compra por parte de Caixabank- y no está de más decir que “nuestros olímpicos” -para una caja de ámbito autonómico- son sólo de una de las islas: Tenerife. Si alguien entiende que el dinero de la Obra Social deba dedicarse a autopromoción en los medios de comunicación es que tiene una visión más cercana al márketing solidario que a la Responsabilidad Social Corporativa… pero definitivamente ninguna de las dos cosas son la vocación original de las Obras Sociales.

Y como éste hay muchos más ejemplos de dinero de Obra Social destinado al autobombo, como el concurso de bandas “La Caja Sonora”, que bastó que el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria retirase parte del apoyo económico para que La Caja de Canarias aparcase el proyecto sin tan siquiera mencionarlo en su memoria anual de 2011.

Con todo, algunas entidades siguen haciendo honor al nombre de Obra Social: desde la mayor “la Caixa” a las dos menores: Caixa Ontinyent y Caixa Pollença demostrando que aquí el problema nunca fue el tamaño…

Resumiendo, de la Obra Social en particular y de las las cajas de ahorros en general mucho se ha escrito -últimamente nada bueno- por eso decepciona tanto que políticos de intachable trayectoria de izquierdas como Jose Antonio Pérez Tapias (@japtapias) ventilen tan ligeramente -con frases como la que da título a esta entrada- el ocaso de un modelo casi centenario… y en la misma medida reconforta encontrar blogs como el de Pablo Hervás (@phervas) en defensa de unas entidades que nacieron precisamente para evitar la exclusión financiera -a la que ahora nos dirigimos de nuevo-.

Y finalmente, de por qué la sociedad civil no puso nunca el grito en el cielo por el mal uso que se le estaba dando a parte de la Obra Social de algunas cajas hablaremos otro día, pero -con toda la crítica necesaria- es pertinente recordar que los bancos nunca tendrán nada parecido y lo más importante, las personas nunca volveremos a poder contar con tan ingente y variada labor.

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Un pensamiento en “Entre todos las empujaron y ellas solas cayeron…

  1. Las Cajas de Ahorros han desaparecido. Hoy su único activo es la propiedad de unas acciones, en un banco que ya no controlan, que además irán diluyendo su influencia en un mar de fusiones. La idea de convertir las Cajas en fundaciones que gestionen una obra social es sólo una idea romántica e irrealizable, debido a que su paquete accionarial no será capaz de general el dividendo que haría posible la realización de las actividades. Ni queda negocio financiero, ni quedará obra social.

    Personalmente creo que la verdadera causa del naufragio ha sido la crisis financiera iniciada en 2008. La crisis ha evidenciado la fragilidad de una naturaleza jurídica peculiar que no permitía reforzar los fondos propios de la empresa. Los beneficios, las reservas, las preferentes o la deuda subordinada no han sido capaces de financiar la caída del negocio y la necesidad de provisionar las inacabables pérdidas de valor de los activos inmobiliarios.

    No creo que la corrupción de los equipos directivos, la llamada “politización” o la negligente supervisión del Banco de España, por sí solos, hubieran arruinado el sistema en un contexto de bonanza económica. Pero no cabe duda de que han sido la guinda que ha colmado los vasos de la insuficiencia financiera y de la paciencia ciudadana.

    Me gusta el enfoque que le has dado al tema. Ya sabes que lo compartimos. Especialmente la conclusión: nadie hará lo que hacían las Cajas, su enfoque social del negocio financiero no será asumido por la banca y la obra social sencillamente desaparecerá.

    No puedo evitar discrepar contigo en un detalle. Si bien los políticos son los responsable últimos del destino de las Cajas, no creo que José Antonio Pérez Tapias (@japtapias) sea un buen ejemplo de político ‘descomprometido’. Desde su actividad pública siempre ha mostrado interés por el futuro de estas entidades y (pudiendo compartir o no sus opiniones) las ha expresado en público de forma constructiva. http://www.granadahoy.com/article/opinion/273284/haciendo/caja.html

    Enhorabuena por tu blog, Miguel. Aquí tienes un amigo.

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